LA BIBLIOTECA DE PARIS, cuento ganador del V Concurso de Cuentos Infantiles Félix Pardo

    LA BIBLIOTECA DE PARÍS

Por Noelia González Hermida

A Tania, Paula y Cristina

      –Es difícil compartir –dijo la niña.

– ¿Compartir el qué? –preguntó su madre.

–Compartir mi vida con ellas –respondió.

La madre le dedicó a Sara una profunda mirada y suspiró para sus adentros sin decir nada.

–Cariño, te aseguro que terminarás por acostumbrarte –respondió la madre finalmente – Ya verás como si; te acostumbrarás.

–Lo sé mamá, lo sé –respondió Sara medio resignada –El problema es que no sé si quiero acostumbrarme, ¿sabes? ¿Qué pasa si un día Manuel y tú decidís que ya no queréis estar más juntos? ¿Qué hago entonces? ¿Me desacostumbro y ya está? ¿Vuelvo a mi antigua vida de hija única y me olvido de que un día tuve hermanas? No es tan fácil…

–Cielo, entiendo que estés asustada; la situación es nueva para todos, pero recuerda que también será duro para ellas, son más pequeñas, y para mí. Todos debemos hacer un esfuerzo, han sido muchos cambios en muy poco tiempo: una nueva casa, en una nueva ciudad y hasta ¡una nueva familia! Pero estoy convencida de que todos vamos a ser muy felices juntos aquí en París.

Desde la ventana de su habitación, Sara podía ver cada mañana como la cúpula de la basílica del Sagrado Corazón refulgía en todo su esplendor con las primeras llamas del sol. El barrio de Montmartre comenzaba a despertarse y con él un continuo de idas y venidas, de sirenas y ruidos, negocios que comenzaban su jornada, otros que la terminaban…Se dice que durante los últimos años del siglo XVIII, la gente podía esconderse de bar en bar en el distrito XVIII de París desde que el sol se ponía hasta que volvía a nacer….era la Belle Époque. Desafortunadamente, aquellos años estaban ya muy lejos. Corría el año 1993 y Sara tenía entonces 15 años.

Sara, que iba a todas partes con una pequeña libreta azul de bolsillo para escribir todo aquello que pudiera ocurrírsele en cualquier momento, era muy aficionada a la lectura y después de haber leído durante toda su infancia un sin fin de cuentos clásicos se preguntaba a menudo qué hubiese ocurrido con los personajes de sus cuentos  favoritos si hubiese sido ella quien hubiera contado sus historias. ¿Habría esperado La Bella Durmiente por el príncipe? Quizás habría sido más divertido si se hubiera despertado antes y se hubiese ido dejando al príncipe con un palmo de narices… ¿Habría seguido Alicia de manera incansable al conejo, o preferiría haberse quedado con el Sombrerero Loco para siempre?

A menudo, compartía estas y otras muchas inquietudes con sus dos hermanastras: Lucía de 10 años y Sofía de 13. Ellas, siempre la deleitaban con finales sorprendentes y disparatados.

–De mayor creo que reescribiré todos los cuentos del mundo para darles otro final –solía comentar.

– ¿Qué te parece si Cenicienta convierte al príncipe en Calabaza y se escapa con el hada madrina para montar un negocio y abrir una tienda de zapatos? –En realidad tiene que ser muy aburrido quedarse todo el tiempo con un chico…desde luego a mi si me dan a elegir, preferiría irme con cualquiera de las chicas de mi clase antes que con cualquier chico, porque con ellas podría jugar a la cuerda y a pillar, pero los chicos en cambio son muy burros y siempre andan a golpes –sentenciaba Lucía.

–Ya lo entenderás Lucía, los chicos también pueden ser divertidos y amables –respondían Sara y Sofía entre carcajadas.

–También podríamos cambiar los personajes de Peter Pan, ¿qué os parece si Wendy fuera un chico y Peter una chica? Quiero decir, ¿no entiendo por qué los chicos siempre se llevan los mejores papeles y los más divertidos? No es justo, ¡vaya rollo! –exclamó Sofía.

– ¡Chicas! Se me está ocurriendo algo –dijo Sara – ¿Qué os parece si formamos un club de cuentos modernos?

– ¿Qué es eso? –preguntó intrigada la más pequeña de las hermanas.

–Creo que podríamos formar una especie de hermandad de los cuentos entre nosotras. Todas las noches, antes de ir a dormir, podríamos juntarnos para reescribir los cuentos de siempre. Cada noche podríamos escoger un cuento clásico y pensar en posibles finales alternativos. Podríamos imaginar nuevos cuentos, con nuevos personajes y nuevos finales. Luego, después de escoger alguna de las opciones volvemos a escribir el cuento bajo el mismo título y así cada noche con un cuento distinto hasta que acabemos con todos los cuentos del mundo.

– ¿Cómo si formáramos una biblioteca? –preguntó Sofía –La señorita Clemenceau tiene una biblioteca genial en el cole.

– ¡Exacto! – exclamó Sara.

–Me parece una idea estupenda –asintió Sofía – ¿Cuándo empezamos?

Así, cada noche las tres hermanas se reunían en su habitación para reescribir cuentos clásicos: Caperucita, Roja, Blancanieves, Los tres cerditos, La Bella Durmiente…

Caperucita asistía a clases de kárate y defensa personal, así que cuando el lobo se abalanzó sobre ella para comerla le dio una tremenda paliza y el leñador tuvo que llevarlo al hospital, donde aún sigue recuperándose de las gravísimas heridas. Caperucita fue nombrada alcaldesa del pueblo y ahora en todos los colegios de la aldea se dan clases de kárate y defensa personal a los niños y niñas. Ningún lobo ha vuelto a ser visto por los alrededores.

Como ya había adelantado Sara, La Bella Durmiente no esperó al príncipe y se despertó antes de que este apareciera. Ella y su doncella se fueron a recorrer mundo y juntas vivieron miles de aventuras apasionantes en lugares exóticos y lejanos. Nunca encontró a ningún príncipe pero tampoco le importó porque tuvo una vida feliz y divertidísima. Por su lado, el príncipe permaneció en palacio y tampoco se casó, pero tenía muchos amigos y una familia maravillosa así que tampoco le importó porque tuvo una vida feliz y llegó a convertirse en uno de los monarcas más queridos de la historia del reino. Él y la Bella Durmiente siguen siendo amigos y se intercambian correos electrónicos de vez en cuando.

Y así pasaban los días y las semanas para las chicas; impacientes siempre en el colegio y deseando que llegara la hora de la cena para reunirse a crear finales maravillosos y nuevos para viejos y maravillosos cuentos.

Llegó el verano y el otoño, y de nuevo estaban otra vez a las puertas de la Navidad.

Las chicas seguían creando su biblioteca particular y cada vez más cuentos inundaban su dormitorio: cuentos clásicos, mitos y leyendas, cuentos tradicionales, fábulas, narraciones y pasajes de otras culturas y otros tiempos…

Las hermanas pasaban horas y horas en su habitación recogiendo posibles finales alternativos, redactando y transcribiendo, creando manuscritos artesanales y pequeñas obras originales extraordinarias.

Sofía se encargaba de la ilustración, siempre había estado interesada en el arte y pintar, además de una de sus pasiones, era uno de sus talentos. Ilustraba cada cuento con imágenes en color de acuarela: hadas y enanos, dragones y princesas, castillos, chozas, ciudades bulliciosas como el Londres, en el que transcurría su nuevo Peter Pan, o debería decir mejor su nueva Peter Pan…retratos e imágenes de seres fantásticos, naves y aviones imaginarios, estampas de lugares exóticos y desconocidos con playas doradas e inmensas o montañas nevadas y gélidas…nada se escapaba al trazo delicado y fino de Sofía.

Por su parte, Sara se encargaba de realizar los manuscritos; tenía una caligrafía perfecta y nítida y, en su nueva escuela de París la profesora Le Bouf la había felicitado en numerosas ocasiones ya a cuenta de este asunto. Así que Sara se pasaba las noches dibujando letras preciosas, comas y puntos, acentos y haches, eles y jotas….

Ellas mismas encuadernaban sus libros con pastas duras y cintas de colores. Usaban un papel especial que compraban en una librería árabe situada en la calle Saint Jacques del distrito V de París, cerca de la Universidad y de la oficina de Manuel. Lucía se encargaba siempre de perfumar el papel con aromas de lavanda o azahar o naranja, si hacía poco que la abuela había venido a visitarlas y les traía perfumes de Valencia. A veces, también compraba rosas en el mercado de Montparnasse, al otro lado del río, y hacía una infusión en casa para sacarles el olor y usarlo en los cuentos, sobre todo, en los de princesas.

Faltaban solo tres días para Navidad y las vacaciones estaban siendo divertidísimas con toda la nieve que había en la ciudad. Manuel tenía que trabajar en Navidad, así que no habían podido irse a Valencia a pasar las vacaciones con los primos y los abuelos. Esa mañana, Martina, una compañera de clase de Lucía estaba en casa jugando con las tres hermanas. Martina era la hija del mejor amigo de Manuel; trabajaban en la misma compañía y los dos habían sido trasladados a Francia desde la sede española; se conocían de toda la vida. Casi todos los hijos de los empleados de la compañía de Manuel iban al mismo colegio. Una pequeña escuela privada dirigida por cinco eminencias de la pedagogía francesa; en su día, había sido una de las entidades más revolucionarias del país, reconocida internacionalmente por sus métodos novedosos y, digamos que, poco ortodoxos. En la escuela “Le Lido” casi nunca había deberes, ni lecciones, ni exámenes ¡las niñas estaban encantadas!

Martina entró en la habitación de las hermanas y revolviendo, jugando y fisgando, tropezó con la colección de “nuevos cuentos” de las chicas. Intrigada, y llevada por una curiosidad un tanto inexplicable –al fin y al cado, solo eran libros – abrió uno de los tomos y comenzó a leer en voz alta. Martina no había terminado ni la primera frase cuando Sara la interrumpió – ¿Qué haces? – le preguntó, y de repente la habitación entera comenzó a temblar.

Lo primero que pensó Sara fue en un terremoto pero además de temblar, poco a poco las cosas también comenzaban a desvanecerse, cambiando de forma e incluso de color. Sara se frotó los ojos, se preguntaba si a causa del terremoto se había dado algún golpe del que no se hubiera dado cuenta y estaba alucinando, o quizás se había quedado dormida….pero en seguida se dio cuenta de lo que ocurría: estaba en otro mundo; el mundo de sus cuentos:

A un lado el Sombrerero Loco jugando a las cartas y tomando el té con Alicia, al otro Caperucita dando clases de kárate. Al fondo, podía divisarse a La Bella Durmiente y su doncella muertas de la risa y caminando con bastante prisa; La Cenicienta escribiendo a ordenador en su tienda de zapatos; El Príncipe Valiente ofrecía menús para degustar desde su restaurante, se había convertido en chef; Los Tres Cerditos regentaban una charcutería y Campanilla dirigía una multinacional especializada en ocio educativo para niños….

Absolutamente todos los personajes disparatados y todas las situaciones increíbles que Sara, Sofía y Lucía habían creado estaban allí mismo, en aquel mundo nuevo y raro, como sacado de un sueño, en el que todo parecía marchar a las mil maravillas.

Al escuchar un ruido, Sofía y Lucía subieron a la habitación, llamaron a las chicas pero lo único que encontraron fue uno de los tomos de sus cuentos abierto en el suelo.

Al recogerlo, comenzaron a leerlo y, en un pis pas, se reunieron con Martina y Sara.

Las chicas pronto comprendieron lo que ocurría: al leer sus cuentos en voz alta los habían traído a la vida y ahora ellas eran parte de sus propios relatos fantásticos. Pero, ¿cómo regresarían a casa? ¿qué pasaría con sus padres? ¿y con el cole y el resto de sus amigas? Sin embargo, no había por qué preocuparse, lo único que debían hacer era seguir creando cuentos.

La imaginación es un arma poderosa que puede llevarte a mundos desconocidos e insospechados, con ella puedes vivir aventuras apasionantes y crear situaciones fantásticas e increíbles. Así que durante muchos años, las tres hermanas siguieron reuniéndose cada noche para utilizar su imaginación y seguir creando cuentos locos como este que acabas de leer.

2 comentarios

Archivado bajo General

2 Respuestas a “LA BIBLIOTECA DE PARIS, cuento ganador del V Concurso de Cuentos Infantiles Félix Pardo

  1. Soy aficionado a los cuentos de hadas, continuamente desde infante me han fascinado así­ pues, clase
    de cuentos creo que tu tema sobre LA BIBLIOTECA DE PARIS, cuento ganador del
    V Concurso de Cuentos Infantiles Félix Pardo es magnifico ,te dejo
    mi mail manuela_hanson@yahoo.com
    Saludo desde belgica

Replica a SCR Clarín Cancelar la respuesta